¿Cuáles son las causas que generan el fracaso escolar?

El origen del fracaso académico se sitúa, al menos, en cuatro fuentes de carácter cultural que están entrelazadas entre sí y se retroalimentan entre ellas:

1ª. Nuestro sistema educativo se asienta en una concepción según la cual su finalidad última es seleccionar a los estudiantes de acuerdo a sus capacidades, y contribuir de esta manera al mantenimiento de las desigualdades en la sociedad. De este modo, entre el profesorado y las familias se justifica habitualmente el fracaso escolar diciendo que hay niños y jóvenes que “valen” para el estudio y merecen ayudas, y otros que “no valen” y, por tanto, no la merecen. Ven como algo incuestionable el argumento de que no se les puede dedicar tiempo y recursos a alumnos que pueden, pero que no quieren estudiar, porque no se esfuerzan ya que carecen de aspiraciones, interés, ambición, capacidad, etc.

Explícita o implícitamente, se esconde la concepción naturalista de que cada persona nace con unos “dones”, que la sociedad y su sistema educativo lo único que tiene que hacer es ayudar a desarrollarlos. El sistema educativo se presenta de este modo como un escenario neutral donde se ponen de manifiesto las naturales, necesarias e irremediables desigualdades. 

Esta concepción, donde la educación es una cuestión de méritos y no un derecho, legitima y justifica las desigualdades presentes en la sociedad, como algo supuestamente natural y por ello irremediable, donde la responsabilidad de las desigualdades y las injusticias se hace recaer sobre los individuos (únicos culpables de sus propias carencias), y no sobre las actitudes, las conductas, las estructuras y las políticas orientadas a mantener e incrementar (según los contextos) esas desigualdades.

Es la misma concepción que culpa y responsabiliza a más del 25% de la población activa o al 50% de los jóvenes de estar desempleados en España en 2013. Y que exonera en la práctica de responsabilidad a la Banca y a las grandes empresas de haber hecho colapsar el sistema productivo español, con el apoyo de los partidos políticos con responsabilidades de gobierno, etc. De este modo, al personalizarse el fracaso, se excusa poner en cuestión el orden social y escolar vigente.

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Frente a este modo de entender el sistema social, existe otra concepción donde la escolarización debe suponer una oportunidad para luchar contra las desigualdades de nacimiento, y una estrategia para reducir las desigualdades sociales, en la que el sistema educativo tiene como finalidad proporcionar una formación integral a todos los estudiantes y contribuir con ello a cohesionar nuestra sociedad. 

¿Se puede “echar a perder” el futuro de un tercio o más de los niños y jóvenes recurriendo a ese tipo de argumentos y esa concepción del sistema educativo?. ¿Hasta cuándo vamos a seguir diciéndoles que ellos son el problema y los responsables del fracaso de nuestro sistema educativo, en vez de reconocer que son las “victimas” del mismo?.

2ª. La segunda fuente del fracaso académico hay que ubicarla en el hecho de que el mundo y las sociedades han cambiado, pero sin embargo entre el profesorado y las familias se observan múltiples síntomas de que está muy extendido el pensamiento según el cual estos cambios no deben afectar al sistema educativo. Una idea en la que los centros educativos se visualizan como “templos del conocimiento” y a los profesores como los únicos que pueden dispensarlo. Bajo esta idea está implícita la presunción de que al sistema educativo le corresponde ser el agente reproductor de una sociedad y un modelo de construcción del conocimiento que ya no existen. La obsesiva insistencia en la defensa del rol del profesor como instructor, o de su “autoridad”, a la que estudiantes y padres han de someterse de manera acrítica, son un reflejo de ello.

De este modo, aunque uno de los rasgos más característicos de la sociedad actual sea su complejidad y la rapidez y profundidad de los cambios por los que está atravesando, en el día a día de nuestro sistema educativo le cuesta abrirse paso al modelo del profesor mediador, educador, más parecido a un entrenador de un equipo deportivo o a un director de orquesta. En el que el profesor se muestra más interesado por dar respuesta a las preguntas e inquietudes de sus estudiantes para ponerlas en valor, que por salvaguardar el silencio en el aula.

Al actual sistema educativo también le cuesta abrirse a un modelo educativo que vaya más allá de los muros que cercan las aulas y los centros, o que se contemple las demandas de revitalización de la vida democrática de nuestra sociedad. A pesar de que, hoy en día, el acceso al conocimiento se ha democratizado en buena medida, los espacios para acceder a él se han multiplicado, se actualizan rápidamente, etc.; y las formas para acercarnos al mismo facilitan la interacción y la cooperación entre los que poseen conocimientos, experiencias, etc. y los que quieren adquirirlas, incrementarlas, intercambiarlas, contrastarlas, etc.

problema2Es un hecho que hoy los niños y jóvenes aprenden no solamente en la escuela, el colegio o el instituto, sino en casa, con los amigos, en la calle, en internet, etc.; y que el profesorado ya no es la “fuente” del conocimiento que transmite el saber a un alumnado al que se le trata como si fuera un “recipiente vacío”. Los espacios de aprendizaje se han expandido, ya no se circunscriben a lo que sucede en las aulas, pero se pueden conectar con ellas, no tienen porque ser incompatibles o excluyentes.

¿Los estudiantes pueden sentirse motivados en unas aulas que permanecen al margen de los nuevos contextos de aprendizaje?, ¿cómo pueden permanecer en silencio durante seis o más horas escuchando a sus profesores?, ¿cómo sobrellevan la contradicción entre la cultura que experimentan en los centros educativos y la que vivencian fuera de ellos?

3ª. La tercera fuente que origina el fracaso académico tiene que ver con la forma como entienden educación obligatoria muchos profesores, padres y madres, inmersos en una sociedad y una cultura que valora y ensalza lo individual frente a lo colectivo. De este modo, es muy común entender que la educación es un proceso individual, donde hay que hacer recaer sobre el alumno toda la responsabilidad de este fracaso (y subsidiariamente en su familia y el entorno social). A pesar de que entre los grandes principios que rigen nuestro sistema educativo se encuentre aquel que establece que la educación debe ser una tarea de toda la comunidad educativa.

Aunque las grandes organizaciones internacionales como la UNESCO, la OCDE, etc. y entre los ámbitos académicos más reconocido, se plantee como una necesidad incontrovertible la colaboración entre el profesorado y las familias, así como con otros agentes del entorno de los centros educativos, este discurso no deja ser un lugar común dentro de la rotórica al uso en la que habitualmente suelen concluir las conversaciones que mantienen profesores, padres, madres, la administración educativa, etc. Una muestra de ello es que uno de los artículos más ignorados de la Ley Orgánica de Educación  (L.O.E) de 2006, sea precisamente el que establece que: “Los centros promoverán compromisos educativos entre las familias o tutores legales y el propio centro en los que se consignen las actividades que padres, profesores y alumnos se comprometen a desarrollar para mejorar el rendimiento académico del alumnado” (art. 121.5).

A pesar de que la diversidad y la complejidad de las actuales aulas dificulta que el profesorado, por si solo, pueda prestar la atención personalizada que necesitan todos y a cada uno de sus estudiantes y en consecuencia, lograr el éxito educativo de todo el alumnado, por lo que se requiere la colaboración y participación de toda la comunidad educativa para poder lograrlo, esto apenas si se hace a través de programas y acciones sólidas y continuadas en el tiempo.

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Pervive, la concepción de la educación como un proceso individual, en vez de entenderla como un proceso social, donde se tiene que privilegiar el aprendizaje cooperativo, y la actuación colectiva y responsable de toda la comunidad educativa.

Los sistemas de evaluación (individuales), la forma de trabajo habitual entre el profesorado (individual), la forma de trabajar dentro del aula (comunmente individual y competitiva), el tipo de relación que se propicia entre el profesorado y los padres (la de prestadores de servicio y clientes, donde la participación de los padres se reduce a la elección del centro y a demandar mejoras del “servicio”), etc. hace muy difícil que se crea que uno de los fines de la educación sea aprender a vivir en comunidad.

4ª. La última fuente que da origen al fracaso académico la formulaba con toda claridad Joan Estruch en 2007 (Cuadernos de Pedagogía nº 369): “Si nos preguntamos si nuestro sistema educativo es globalmente adecuado y coherente con el actual modelo de crecimiento, nuestra respuesta ha de ser, a pesar de los pesares,  positiva. Como el novio de la dama viuda citada en el Quijote (una dama viuda, cuando le reprocharon que se hubiera enamorado de un joven muy apuesto, pero tosco y sin estudios, respondió: “Para lo que yo lo quiero, mucha filosofía sabe, y más que Aristóteles” (El Quijote, I, 25, adaptado)),  es ineficaz, pero esa ineficacia responde a las demandas del sistema productivo. Por eso, de momento, el fracaso educativo no se convierte directamente en problema social, sino que contribuye a sostener este sistema productivo.

“No hace falta decir que esta correspondencia entre sistema educativo y sistema productivo no está planificada conscientemente. Pero se produce de manera objetiva porque el modelo económico genera  valores que impregnan el conjunto de la sociedad, a las familias y a los alumnos, que entran en el aula con una motivación o una desmotivación que determinan su rendimiento escolar. Por eso, al analizar los problemas del sistema educativo, las cuestiones clave desbordan el marco estrictamente escolar: ¿Hasta cuándo podemos seguir apostando por un modelo económico  y social tan poco sostenible? ¿Qué pasará si entra en crisis? ¿El sistema educativo ha de adecuarse a las demandas inmediatas del sistema productivo o ha de proponer otro tipo de modelo social, mucho más sostenible, cohesionado y equitativo?”.

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com 

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