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El maltrato verbal y las etiquetas contribuyen al fracaso escolar

Tonto, bobo, idiota, vago, inútil, zoquete, zángano, holgazán, irresponsable, aprovechado, necio, morralla, imbécil, estúpido, bruto, gañán, paquete, chusma…, llamar reiteradamente algunas de estas cosas a un menor ¿es maltrato?, ¿y decirle a alguien que es incapaz o “un caso perdido”?. Si alguien se refiriera a nosotros con este tipo de términos o expresiones, ¿cómo nos sentiríamos?.

Casi un 40% de los niños y adolescentes españoles repite algún curso, y con cierta frecuencia les decimos este tipo de cosas. ¿Somos conscientes de cómo esto les afecta?

La Convención de Derechos del Niño de Naciones Unidas establece que debemos proteger a los niños de cualquier forma de violencia. Pero, ¿por qué tendemos a reducir la violencia a los abusos sexuales, a los maltratos físicos o a la que se ejerce entre los propios menores?, solo las noticias sobre abusos sexuales a niños en recintos educativos o al interior de la familia nos escandalicen, porque queremos que los centros educativos y las familias sean lugares de protección. Sin embargo, nos negamos a hablar de la violencia psicológica, los tratos despectivos, las descalificaciones, el sarcasmo, etc. que todos los días cientos o miles de niños sufren en nuestros colegios, institutos, familias… Se nos olvida que el ejercicio de la violencia no es patrimonio de personalidades desequilibradas, pederastas, o niños “mal criados”, etc. son personas normales, como nosotros, incluso somos nosotros mismos, los que no dudamos en violentar a los niños cuando no actúan como nosotros quisiéramos. En ocasiones nuestras conductas tienen una componente neoautoritaria, que no se manifiesta bajo actos de violencia física, lo hace a través de la coacción encubierta, el menosprecio, la discriminación, el insulto cínico, la manipulación, el adoctrinamiento, etc. ¿Hay algo más peligroso que asumamos este tipo de violencia psíquica como algo normal?, ¿quién defiende a estas víctimas?. Veamos el siguiente video:

Juan Carlos Obiol Reverter comenta en este sentido que “realmente se puede hacer mucho daño, muchísimo. Gritar, despreciar pequeños logros, no escucharles cuando nos hablan… transmite a los chavales la sensación de que no son importantes para nosotros. Es una especie de “violencia de baja intensidad” que va calando y va abriendo agujero en la línea de flotación (en la autoestima)”.

Otra forma de manifestarse de esta violencia, tanto en las aulas, en las familias, como en la vida, es a través del silencio y la indiferencia. Cuando se opta por dirigirse a los menores en términos como: “Tranquilo, quédate ahí atrás, puedes dormirte si quieres, pero no molestes”. Sí, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio. Ignorar y arrinconar a los alumnos menos aplicados en el aula ¿no es una forma de acoso y/o de propiciarlo?.

Por otra parte, nos encontramos con que muchos profesores, incluso los sindicatos a los que se afilian, definen el abandono escolar como “objeción escolar”, calificando a los estudiantes que incluyen bajo esta categoría estigmatizadora como alumnado disruptivo, que rechaza las normas escolares y las pautas del aprendizaje. Les describen como absentistas o como estudiantes que asisten a los colegios e institutos de forma anómica, y como agentes generadores de conflictos con otro alumnado y con el profesorado.

Se afirman barbaridades como éstas y nos quedamos tan tranquilos. Los medios de comunicación contribuyen también a normalizar este tipo de violencia, es frecuente ver en concursos o en programas de “tele-basura” como se humilla, ridiculiza y veja a personas. Vemos la manifestación del problema, pero no queremos enfrentarnos con las causas del mismo. Es más fácil convertir a las víctimas del problema en culpables. ¡Así es también más fácil rehuir nuestras responsabilidades, aunque ello implique trasladárselas a menores de edad!

¿Quién se anima a reconocer su parte de responsabilidad en el abandono y en el fracaso escolar de nuestros niños y jóvenes?

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com 

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