¿Qué sucede si instrumentalizamos el fracaso escolar?

Numerosos docentes, padres y estudiantes se han pronunciado (en este espacio también se ha hecho) y se pronunciarán en los próximos días y meses contra las reválidas de la LOMCE. No es algo nuevo, las muestras de rechazo hacia este tipo de pruebas se han efectuado desde que empezaron a circular los primeros borradores de esta Ley. Ha habido manifestaciones multitudinarias que han llenado calles y plazas en toda España, sin que ello haya impedido que finalmente se haya aprobado su implantación. ¿Qué hace posible que esto pueda suceder?.

Entre las posibles causas, es conveniente que reflexionemos especialmente sobre una de ellas: muchas de las personas que dicen estar en contra de las reválidas, realmente no lo están, su rechazo es principalmente hacia el partido político que ha impuesto la LOMCE, lo que hace que una medida de este tipo encuentre bases para su legitimidad entre buena parte de los docentes y los padres.

En España nunca ha habido un gran rechazo hacia este tipo de pruebas o a las consecuencias que se derivan de un sistema educativo históricamente orientado a la selección de los “mejores” estudiantes más que a la educación del conjunto de ellos. El que los estudiantes de las enseñanzas obligatorias repitan algún curso está normalizado, lo vienen haciendo en torno al 40% de ellos en las últimas décadas. De igual manera lo está el que una cuarta parte de los jóvenes no se gradúen. No ha habido reválidas en las últimas décadas a los 12 o los 16 años, pero nuestro sistema educativo ha mostrado un gran poder de selección y discriminación, sin que ello haya sido motivo de escándalo. Al contrario, las voces que habitualmente se han oído más han sido las de aquellos que se quejan de que no es suficientemente selectivo. ¿Por qué nos escandalizan mensajes y caricaturas 

Ahora se levantan voces y se oyen quejas porque si los estudiantes suspenden la reválida solo podrán cursar la Formación Profesional Básica, pero sin embargo desde que se implantó la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) nadie se ha organizado para protestar por la terrible situación en la que se encuentran los alumnos que no logran graduarse, no pueden estudiar nada. ¿Por qué nos escandalizan mensajes y caricaturas como esta?, ¿hasta ahora quiénes han sido/somos los que seleccionamos a los alumnos que no se gradúan de ESO, o los que les obligamos a repetir curso?:

revalizador

Por otra parte, lo que ha caracterizado las Pruebas de Acceso a la Universidad (la “selectividad”) y al curso previo al acceso a la Universidad (COU o 2º de Bachillerato) ha sido un enfoque orientado a la selección de los estudiantes. No se ha buscado con ellos tanto el que los estudiantes aprendan o prepararles para la vida universitaria, como el enseñarles a superar esta prueba. Esto ha sido así durante décadas, y han sido pocos los que han apoyado a aquellos que lo han criticado. Al contrario, las críticas que han encontrado mayor comprensión han sido las de los que dicen que la selectividad es poco exigente.

A raíz de las manifestaciones masivas contra el modelo educativo de la LOMCE y sus reválidas, cabría pensar que entre los docentes, los padres y los estudiantes se habría producido en los últimos años una toma de conciencia y un cambio con respecto al sentido de la evaluación en las enseñanzas obligatorias, y un proceso de transformación del enfoque de la evaluación que se realiza en los centros. Es cierto que han proliferado las iniciativas en esta dirección, pero también lo es que todavía están lejos de ser una tendencia mayoritaria, y que muchas de ellas han encontrado fuertes resistencias, tanto entre los docentes que no comparten la necesidad de que se produzca este cambio, como entre las propias familias.

Hay, por tanto, una disonancia entre lo que viene caracterizando en los últimos años la práctica de la evaluación en la mayoría de los centros, y el discurso de rechazo a las reválidas y a las presumibles consecuencias que de ellas se puedan derivar. Los grupos que con más energía han criticado las reválidas (entre ellos algunos de los sindicatos más importantes de profesores y algunas de las principales asociaciones de padres y estudiantes), no se han caracterizado por promover al mismo tiempo una reflexión sobre el sentido de la evaluación (como las que se recoger en “¿Es necesario hacer exámenes para evaluar?” o en ¿Cómo deberían ser los exámenes en la Enseñanza Obligatoria?) o modelos alternativos de evaluación (ver “¿Cómo hacer la revolución en la evaluación?”). Se han centrado en pedir la retirada de la LOMCE y en demandar más recursos para la Educación, como si esas medidas por si solas pudieran terminar con el fracaso escolar.

Algo similar ha ocurrido con el posicionamiento de los partidos políticos críticos con la LOMCE, su rechazo a esta Ley no ha ido acompañado de medidas concretas orientadas a una transformación de los sistemas de evaluación y la lucha contra el fracaso escolar, como las que se han formulado, por ejemplo, desde este espacio (“10 Medidas contra el fracaso escolar”).

Estos hechos lo que muestran es que en el rechazo público contra las reválidas no suele ir acompañado de otro discurso, y sobre todo de prácticas orientadas a la implantación de modelos alternativos de evaluación a los que tradicionalmente se han venido utilizando para la selección de los estudiantes y no tanto para su educación. Lo que muestra el carácter meramente instrumental con el que se utiliza el rechazo a las reválidas por muchos colectivos y personas a título individual, como un recurso más para criticar al partido político que ha aprobado las reválidas. Los docentes más prestos a defender los intereses corporativos del profesorado, han visto en ellas una vía indirecta a través de la cual podría evaluarse la calidad de su trabajo. Muchas de todas estas personas, aunque critiquen las reválidas, no están convencidas  de la necesidad de que nuestros sistemas de evaluación en las enseñanzas no universitarias tengan que dejar de estar orientados a la selección de los estudiantes, y centrarse en mejorar su aprendizaje. De lo único que están convencidos es de la necesidad de que no gobierne ese partido, pero no precisamente por su posición con relación a las reválidas como tales.

Tal falta de convicción, hace que finalmente las reválidas puedan implantarse. Si en estos años, los docentes, los padres y los estudiantes, además de criticar las reválidas, nos hubiésemos dedicado también a transformar en el día a día de las aulas los sistemas de evaluación (como se ha hecho en algunas aulas y centros), la aplicación de las reválidas carecería de la suficiente legitimidad que cualquier medida requiere para que pueda llevarse a efecto. Ahora basta con que un partido con el 23% de los votos del censo electoral haya podido implantar las reválidas.

Nuestra sociedad, debería pronunciarse si quiere colegios o institutos para que sus niños y jóvenes aprendan y se eduquen, o los quiere para que se les enseñe a aprobar exámenes, selectividades o reválidas. Quizás esto último lo pueden hacer igual o mejor en academias, lo que nos resultaría al menos más económico, si el tema de la educación y el aprendizaje no es tan relevante para nosotros. ¿Qué queremos?. En todo caso, tengamos claro que las reválidas no son más que la guinda de un problema mucho más profundo.

No a la LOMCE, pero no también al modelo educativo que genera las altas tasas de fracaso escolar actuales.

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com 

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8 comentarios el “¿Qué sucede si instrumentalizamos el fracaso escolar?

  1. Si se entiende el no al fracaso escolar como que pasen todos, obviamente lo que hay que hacer es suprimir todos los exámenes, todas las pruebas, todas las comprobaciones. Sin más.

      • Experiencia de treinta y tantos años: no hay manera de promover una evaluación sin exámenes y sin notas numéricas. Si de los padres dependiera (y de los inspectores que los reciben depende, y acaban imponiendo su criterio), las notas tendrían hasta cuatro decimales y habría que registrar la justificación de hasta el último decimal. No tiene nada de nuevo esa idea evaluar más formativa y cualitativamente. Llevo décadas con ese tema. Es imposible porque el usuario demanda justificaciones escritas, registradas y visibles de hasta el último criterio de evaluación y calificación, expresado numéricamente. El usuario son los padres. Piénsenlo bien: si de verdad se pudiera evaluar sin exámenes, de manera que todas las partes implicadas estuvieran de acuerdo, no duden de que los profesores seríamos los más entusiasmados con la idea.

        • ¿En cuántos centros en los “boletines de notas” que se entregan a las familias se realiza una justificación argumentada de las calificaciones numéricas, se formulan planes concretos de mejora que no sean generalidades del tipo: tiene que estudiar más, se distrae…? Su argumento no se ajusta a la realidad de la mayor parte de los centros.

  2. Todas las personas valemos para aprender, todas sin excepcion. Sistemas como el nuestro lo que hacen es segregar y discriminar diciendo que no todo el mundo vale para estudiar. Esto es una gran mentira. Lo que si es cierto es que no todos valen para enseñar , mas aun en un sistema como el nuestro donde la mayoria de profesores no son vocacionales. Enhorabuena x el articulo.

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