¿La solución del fracaso escolar consiste en reducir la ratio de alumnos por profesor?

A continuación se va analizar si la ratio de alumnos por docente que existe en el sistema educativo español es muy elevada, y si ello sería uno de los principales factores que hacen que el fracaso escolar sea especialmente elevado, o si más bien el problema tiene que ver fundamentalmente con diferentes aspectos relacionados con el currículo, la organización del profesorado, las condiciones de trabajo de una buena parte del mismo, y los recursos (humanos y materiales) para apoyar su trabajo.

Muchos docentes suelen afirmar que la solución del fracaso escolar en España solo será posible si se reduce la ratio de alumnos por profesor. Al sistema educativo seguro que le vendría bien contar con muchos más docentes, pero no es tan seguro que solo con esa medida se pueda terminar con el fracaso escolar. Es obvio que las clases pequeñas son una ventaja, pero si no se cambian los métodos y  las prácticas docentes, puede que sea casi igual que haya 20 estudiantes o 30 por aula.

Es necesaria y urgente la reducción de la ratio en las aulas de algunos centros, pero la reducción del número de alumnos por aula no solo se puede lograr incrementando el número de docentes, también se consigue organizando la docencia de una forma diferente, y seguro que de una manera más eficaz combinando ambas acciones.

La cuestión es, por tanto, si la solución del fracaso escolar pasa necesariamente por un incremento sustancial de la plantilla de maestros y profesores, o si este problema se puede solventar con un incremento mesurado de la plantilla de los centros educativos y otro conjunto de medidas. ¿Cuál de esas dos estrategias es la más eficaz y eficiente?

Para dar respuesta a esta cuestión conviene partir haciendo un breve análisis de la situación en la que nos encontramos, y nada mejor para ello que revisar algunos indicadores sobre cuáles son las ratios de estudiantes por profesor y por aula en España y en los países de nuestro entorno.

La evolución de la ratio estudiantes por profesor

En el curso 2016-17 había unos 2.000.000 de alumnos en centros públicos de Primaria y otros tantos cursando la Educación Secundaria (ESO, +Bachillerato, +FP (básica+media)), y había en esos centros unos 220.000 docentes en Primaria y otros tantos en Secundaria (Fuente: MECD). Por tanto, en principio no parece que se pueda afirmar que actualmente en España exista un problema por la falta estructural de profesorado.

Sin embargo, aunque tenemos una ratio global en el sistema relativamente razonable, como veremos más adelante muchos docentes trabajan con ratios de alumnos muy elevadas, y tienen un elevado número de horas de docencia presencial en las aulas muy concentradas en el tiempo, que dificultan su labor.

La proporción de estudiantes por profesor ha variado sensiblemente en todo el mundo en las últimas décadas, y en España de manera especial:

La ratio de alumnos por profesor en España ha mejorado, por tanto, mucho en las últimas décadas, se ha pasado de tener ratios más elevadas que los países de nuestro entorno, a  estar por debajo de la media de la OCDE en todos los niveles educativos y equipararnos a la media de Europa (22 países). Pero a pesar de ello los países de la Unión Europea tienen tasas de fracaso escolar mucho menores a las nuestras: en España afecta a más del 30% de los estudiantes, cuando en la mayoría de los países europeos no suele sobrepasar el 10%.

La ratio estudiantes por aula

El número de estudiantes por clase en los centros públicos de Educación Primaria, se sitúa cerca de los promedios de la OCDE y de Europa. Mientras que en la primera etapa de Educación Secundaria es superior al promedio tanto de la OCDE como de Europa. En España el tamaño de las clases ha pasado en la Educación Secundaria Obligatoria de 23,6 alumnos de media por aula en 2013, a 25,1 en 2018, mientras que la media de la OCDE se ha mantenido en 23,8 alumnos. En el siguiente gráfico con datos de 2015 se aprecian claramente las diferencias en este punto con algunos países europeos:

ratio aula

Si los países de nuestro entorno tienen ratios de alumno por profesor similares o superiores a la de España, en España también debería ser posible que la ratio de alumnos por clase fuera menor, y se equiparase a la de esos otros países. Más adelante veremos algunas acciones y estrategias que habría que tomar para que esto fuera posible.

No obstante, aunque esta ratio se ha incrementado en España en los últimos 10 años, lo cual cabe interpretarlo como un retroceso en el sistema educativo, sin embargo, la tasa de idoneidad de los alumnos de 15 años ha mejorado 10 puntos en el último decenio. Lo que hace pensar también que la ratio no es el único y fundamental factor que incide en la reducción del fracaso escolar.

ratio

Ello no quita para que sea necesario, al menos por justicia, recuperar la situación de antes de la crisis, para ello hay que revertir el Real Decreto 14/2012 de racionalización del gasto en el que se aumentó la ratio de alumnos por aula y se ampliaba la jornada lectiva de los docentes en todas las etapas. Igualmente, es urgente recuperar o incrementar la plantilla de maestros y profesores de un significativo número de centros con necesidades acuciantes de docentes. Además de solucionar la situación de aquellos centros (públicos, concertados y privados) que tienen aulas con más alumnos de lo permitido por la ley  (más de 25 en Infantil, más de 30 en Primaria y más de 35 en Secundaria). Estas medidas requieren, por tanto, un moderado incremento del número de docentes en nuestro sistema educativo. Esto no debería ser un problema si España incrementa su presupuesto para Educación unas pocas décimas. Tiene margen para hacerlo, España invirtió en 2017 en Educación solo el 4% de su PIB, frente al 4,7% de media de los países de la Unión Europea). Además, hay que tener en cuenta que hay un descenso de alumnos en el sistema, lo que incrementa el impacto de la inversión que se realice, y que una reducción del fracaso escolar conllevará un importante ahorro de recursos que podrán reorientarse.

¿Solo es cuestión de más docentes?

Es necesaria la contratación de más profesores, pero la cuestión es si el incremento de la inversión en educación debe pivotar, como proponen en general los sindicatos docentes, en torno a un aumento sustancial de la platilla del profesorado para que los docentes recuperen las condiciones laborales previas a la crisis, y continuar haciendo lo que habitualmente se ha estado haciendo hasta ahora en las aulas y de la misma forma; o, si ha de pivotar sobre un cambio de enfoque en nuestro sistema educativo, que incorpore otro tipo de acciones y estrategias que permitan terminar con el fracaso escolar.

Proponer la contratación de muchos más docentes para que el currículo y la organización del mismo siga igual, no es una solución realista de los problemas que afectan a la Escuela, en la medida que esa “solución” solo va a incidir tangencialmente en esos problemas.

Un incremento lineal de las plantillas del profesorado de los centros para reducir sus ratios, sin introducir cambios en el currículo y en la organización de los recursos, implicaría, por ejemplo, efectuar una elevada contratación de profesores para impartir algunas asignaturas específicas (especialmente en aquellas que tienen dos horas semanales) en las que actualmente muchos docentes, para cubrir dedicaciones a tiempo completo por las que están contratados, tienen que trabajar con números muy elevados de estudiantes al asignárseles muchos grupos. Sin embargo, esas asignaturas no suelen ser las que más dificultades le plantean al alumnado, suelen ser algunas donde menos “suspensos” se producen, y que, en consecuencia, menos inciden sobre las situaciones de fracaso escolar.

La fragmentación del currículo en múltiples asignaturas, y la falta de coordinación y trabajo en equipo de los distintos especialistas propiciada por las distintas administraciones, generan situaciones “perversas”. Por ejemplo, dentro de un mismo centro, se puede encontrar profesorado que da clases a grupos de cinco o diez alumnos, y otros que tienen docencia en un número mayor de grupos y con muchos más alumnos en cada uno de ellos. Esto sucede porque el sistema educativo, sobre todo en secundaria, está estructurado en muchas “especialidades”. A pesar de ello, hay quienes piensan que son necesarios aún más especialistas para resolver los problemas de naturaleza transversal que aquejan a la Escuela, cuando realmente lo que necesitaríamos, y no tenemos, son “médicos de familia”.

Por otra parte, no existe consenso acerca del número de alumnos máximo que puede recibir educación en un aula sin que se deteriore el aprendizaje de los demás. Tampoco existen resultados definitivos, sino más bien un nivel de controversia elevado, acerca del efecto que el tamaño de la clase tiene en el aprendizaje de los alumnos. No hay ningún estudio que demuestre que el número de alumnos por aula sea el único factor y/o el factor más determinante del “éxito” escolar. Esto es lo que muestran los datos sobre la escasa incidencia de la disminución de la ratio alumno/profesor y  fracaso escolar.

El fracaso escolar se produce tanto en grupos grandes como en grupos pequeños. Si el fracaso escolar afectara solo a los grupos y centros con ratios elevadas no tendríamos tantísimo fracaso escolar. Si eso fuera así, los grupos reducidos de educación compensatoria serían exitosos. El problema no radica solo en la ratio. En los grupos de “diversificación” no suele haber más de 10 alumnos y los resultados no suelen ser muy buenos. Lamentablemente los grupos reducidos de educación compensatoria muestran que no son una solución, porque el problema del fracaso escolar no radica solo en la ratio, si su reducción no va acompañada de cambios metodológicos.

Se ha reducido de forma drástica el tamaño de las clases a lo largo de las últimas décadas. No obstante, la mejora en el rendimiento de los alumnos es poco perceptible. El problema del fracaso escolar se ha mantenido cuando mayor inversión se ha realizado en el sistema y se redujo la ratio, por tanto, la solución del mismo pasa no solo por tener una ratio óptima, sino también por una organización curricular diferente. El aumento de recursos económicos no supone mejores resultados si no van acompañados de cambios estructurales significativos.

Es habitual, sin embargo, que muchos maestros y profesores afirmen que el fracaso escolar se terminaría o se reduciría sensiblemente si la ratio se redujera, de forma que cada uno de ellos tuviera de 15 a 20 alumnos como máximo por aula. Según el informe TALIS (2018) reducir el número de alumnos por aula es algo prioritario para el 85% de docentes españoles, y para el 65% de los del resto de los países de la OCDE. En los países de la OCDE (2011) la media se sitúa en 21 alumnos por aula en la etapa de Primaria. Sin embargo, este número varía mucho de unos países a otros. En todo caso, como ya se ha comentado anteriormente, dada la ratio global de alumnos por profesor que existe en España, debería ser posible reducir sensiblemente la media de la ratio de alumnos por aula.

Si se cambia el enfoque de cómo se ha de entender y organizar la práctica docente, con la misma ratio o con una ratio ligeramente inferior para el conjunto del sistema educativo español, es posible reducir las ratios en las aulas y  lograr que no haya en los centros docentes con elevadas ratios, al tiempo que se mejora la eficiencia del sistema y se reduce el fracaso escolar. Para ello sería necesario realizar un conjunto de acciones combinadas como:

  1. La organización del currículo de una forma transversal, limitando su departamentalización, la segmentación del mismo en asignaturas estanco y desconectadas entre sí.
  2. Romper la rigidez de los grupos en los que se organizan los alumnos y las aulas (la vieja ecuación que asocia un docente a un grupo, un aula y, desde secundaria, una asignatura y una hora). El número de alumnos por aula no tiene que ser el mismo en todas las materias, o a lo largo de una misma materia; ni tiene que estar asociado a una materia en concreto, podría estarlo a un conjunto de materias que se trabajan de forma transversal. Por ejemplo, en vez de la aulas convencionales, se pueden crear  espacios y tiempos de trabajo más amplios, abiertos y flexibles, variables y reconfigurables, que albergan grupos más numerosos y también descomponerse a voluntad para el trabajo en equipo o individual, etc. y en los que puede haber dos o más docentes, y en los que haya un amplio uso de la tecnología digital.
  3. Reducir la concentración e intensidad de la jornada escolar. Ello implica reducir el número de horas lectivas del curso escolar e incrementar la duración del mismo de 37 a 40 semanas.
  4. Impulsar el trabajo coordinado y en equipo del conjunto del profesorado de los centros, y especialmente de cada curso. Para ello sería necesario:
  • Incrementar las horas presenciales de los docentes en los centros, al tiempo que se reducen las horas lectivas, para la realización de esos trabajos de planificación y coordinación, y aumentar el tiempo disponible para las tutorías individuales de los alumnos, la atención a sus padres, etc.
  • Mejorar la formación del profesorado para la realización de ese trabajo en equipo en los centros, de las tutorías, etc.
  • Avanzar en la profesionalización de la gestión de los centros.
  1. Reducir el profesorado interino del 25% actual a un porcentaje inferior al 10% de la plantilla, y con ello también la rotación del profesorado ligada a esa situación. Este alto grado de interinidad dificulta la organización de los centros y fomenta la fragmentación del currículo en asignaturas.
  2. La contratación puntual de profesorado en aquellos centros que:
  • después de aplicar estas medidas requieran más docentes;
  • presenten altas concentraciones de estudiantes con desventajas socioeconómicas;
  • requieran fortalecer algunas áreas de apoyo a determinado tipo de alumnado con dificultades de aprendizaje.
  1. La contratación de personal de apoyo al profesorado. El informe TALIS (2018) muestra que el sistema educativo español tiene una importante carencia de personal de apoyo a su profesorado. En Educación Primaria hay, en promedio, una persona de apoyo pedagógico por cada 11 profesores, una de las ratios más altas de los países de nuestro entorno. E igual sucede en Educación Secundaria, donde hay de media una persona de apoyo por cada 20 docentes, cuando el promedio en los países de la OCDE (30 países) es de una persona de apoyo por cada 12 docentes.
  2. Mejorar la formación de los docentes. Como dice Schleicher, «La clave está en la calidad», en general, pero especialmente en los centros desfavorecidos son necesarios profesores cualificados. Los datos aportados por PISA sugieren que los sistemas que priorizan la calidad del profesorado sobre las clases más pequeñas tienden a obtener mejores resultados, lo que confirman otras investigaciones que muestran que la mejora de la calidad del profesorado es una medida más eficaz para mejorar el rendimiento de los estudiantes.

En conclusión, la ratio global de estudiantes por profesor en España se sitúa en la media de los países de nuestro entorno, pero sin embargo la ratio de estudiantes por aula es mayor. Corregir este desfase es necesario para reducir el fracaso escolar, para lo cual se requiere que España incremente su inversión en Educación, pero al mismo tiempo es imprescindible que esa inversión vaya acompañada de una reorganización amplia del currículo y de los recursos docentes disponibles en la actualidad, así como de los métodos y de las prácticas docentes. De manera que la inversión se focalice no tanto en la contratación de nuevo profesorado, como sobre todo de personal de apoyo a los docentes, y en la mejora de la formación de estos y en su estabilización.

 

Bibliografía:

– Comisión Europea, Monitor de la Educación y la Formación de 2019.

– Instituto Nacional de Evaluación Educativa, Sistema estatal de indicadores de la educación, Ministerio de Educación y Formación Profesional, Madrid. 2019.

– Ministerio de Educación y Formación Profesional, Informe 2018 sobre el estado del sistema educativo Curso 2016-2017, MEYFP-Consejo Escolar del Estado, 2018.

– Ministerio de Educación y Formación Profesional, Datos y cifras. Curso escolar 2019-2020, Madrid. 2019.

– OCDE, Informe PISA 2012, Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid. 2014.

– OCDE, Informe PISA 2015, Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid. 2016.

– OECD, Effective Teacher Policies: Insights from PISA, OCDE, París, 2018.

– OCDE, TALIS 2018. Estudio internacional de la enseñanza y del aprendizaje. Informe español. Ministerio de Educación y Formación Profesional, Madrid. 2019.

– OCDE, Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE, Ministerio de Educación y Formación Profesional, Madrid. 2019.

– The World Bank, Datos abiertos: https://data.worldbank.org/

 

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com

Un comentario el “¿La solución del fracaso escolar consiste en reducir la ratio de alumnos por profesor?

  1. Muy de acuerdo con el planteamiento del artículo.
    En un aula de 12 alumnos, se puede hacer mucho, o al menos, más que en una de 24. Aunque haciendo lo mismo, se trabaja la mitad. Y por experiencia como padre, puedo corroborar que el ratio de alumnos por aula, siendo importante, no es la panacea. La profesionalidad y capacidad, la actitud y la aptitud de los docentes, es una de las piezas clave en el fracaso escolar, junto con las actitudes de los progenitores y tutores legales.
    Sería interesante contar con más evaluaciones de los procesos de aprendizaje en Educación Primaria y Secundaria, que es donde se fragua el fracaso escolar, para mostrar las deficiencias del sistema educativo, y de cada aula y niño en particular, disponiendo de los datos necesarios para implementar soluciones adecuadas a las deficiencias manifestadas en las evaluaciones o auditorias. Las mal llamadas reválidas, como pretenden denominar, para presionar a padres y alumnos

    Todo niño es un genio en potencia.

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