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¿La escuela es una prisión que daña a los niños y a los jóvenes?

Los padres enviamos a nuestros hijos a la escuela con la mejor de las intenciones, creyendo que eso es lo que necesitan para convertirse en adultos productivos y felices. Muchos tenemos dudas sobre el funcionando de las escuelas, pero comúnmente se piensa que los problemas que pueda haber en ellas son fáciles de resolver con una mejor financiación, mejores profesores, planes de estudios más innovadores y / o pruebas más rigurosas.

Pero, ¿y si el problema real es en sí misma escuela?. Lo triste es que una de nuestras instituciones más queridas está, por su propia naturaleza, fallando a nuestros hijos y a nuestra sociedad.

La escuela es un lugar donde los niños se ven obligados a estar, y en el que su libertad se restringe en gran medida, en un grado bastante más que el que la mayoría de los adultos tolerarían en sus lugares de trabajo. En las últimas décadas, nuestros hijos pasan sin embargo cada vez más tiempo en este tipo de entornos, cuando hay importantes evidencias de que a muchos esto les causa un grave daño psicológico. Por otra parte, hay evidencias científicas que muestran que cuando los niños aprenden de una manera profunda y completa es en unas condiciones casi opuestas a las de la escuela.

La escolarización obligatoria ha sido una constante en nuestra cultura durante muchas generaciones. Es difícil hoy en día para la mayoría de la gente imaginar siquiera cómo los niños podrían aprender lo que necesitan para tener éxito en nuestra sociedad sin la escuela. De ese modo se ve con buenos ojos el que se aprueben medidas para ampliar los calendarios escolares, etc. La mayoría de la gente piensa que el diseño básico de las escuelas, tal como las conocemos hoy, es fruto de estudios científicos sobre cómo los niños aprenden mejor. Pero, de hecho, nada podría estar más lejos de la verdad.

Las escuelas como los conocemos hoy en día son un producto de la historia, no de la investigación sobre cómo aprenden los niños. El actual modelo educativo se desarrolló durante la Reforma Protestante, cuando se crearon las escuelas para enseñar a los niños a leer la Biblia, creer en las Escrituras sin cuestionarlo, y obedecer las figuras de autoridad sin cuestionarlas. Los primeros fundadores de las escuelas eran bastante claros acerca de esto en sus escritos. La idea de que las escuelas pueden ser lugares donde se enriquece el conocimiento, la creatividad, la iniciativa propia o la capacidad de aprender a ser críticos (los tipos de habilidades más necesarias para el éxito en la economía actual) no estaba en su cabeza.

Cuando los Estados hicieron la asistencia a las escuelas obligatoria, y las orientaron hacia fines seculares, la estructura y los métodos de enseñanza básica se mantuvieron sin cambios. Los intentos posteriores de reforma han fracasado porque, aunque han intentado modificar un poco su estructura, no han alterado el modelo básico en el que se sustenta. Un modelo vertical, enseñar-y-examen, en el que el aprendizaje está basado en un sistema de premios y castigos en lugar de en la curiosidad o en un verdadero deseo de saber, está bien diseñado para el adoctrinamiento y entrenamiento en la obediencia, pero no para mucho más. No es de extrañar que muchos de los grandes genios que ha habido en el mundo, abandonaran la escuela prematuramente (como Thomas Edison), o dijeran que la odiaban, y aprendieron a pesar de ello, no a causa de ella (como Albert Einstein).

No es de extrañar que, hoy en día, incluso los “mejores alumnos” (quizá en mayor medida) a menudo afirman que el sistema educativo los ha “quemado”. Un buen estudiante que ha terminado recientemente el bachillerato le explicaba de esta manera a un periodista los motivos por los que estaba posponiendo su entrada en la universidad: “Yo he estado obsesionado por hacerlo bien y no dormí mucho en los últimos dos años. Solía tener cinco o seis horas de tarea cada tarde-noche. Lo último que quería era estudiar más “.

La mayoría de los estudiantes han perdido sus ganas de aprender cuando llegan a la educación secundaria. Mihaly Czikszentmihalyl y Jeremy Hunter han realizado recientemente una investigación con más de 800 estudiantes de sexto curso de 33 escuelas diferentes de todo el país. Les pusieron unos relojes especiales que generaban una señal aleatoria en distintos momentos del día. Cada vez que la señal aparecía, tenían que llenar un cuestionario indicando dónde estaban, qué hacían, y lo feliz o infeliz que se sentían en ese momento. Los niveles más bajos de felicidad fueron cuando estaban en la escuela, y los niveles más altos se produjeron cuando estaban fuera de la escuela, cuando estaban jugando o hablando con los amigos. En la escuela, a menudo estaban aburridos, estresados  o ambas cosas. Otros investigadores han demostrado como al tiempo que los estudiantes van pasando de curso, van desarrollando actitudes cada vez más negativas hacia las distintas asignaturas que tienen, especialmente hacia las matemáticas y las ciencias.

Como sociedad, tendemos a hacer caso omiso de tales hallazgos. No nos sorprende que el aprendizaje sea desagradable. Pensamos en ello como si se tratara del mal sabor de un medicamento, difícil de tragar, pero bueno para los niños a largo plazo. Algunas personas llegan a pensar que el que la escuela sea desagradable para los niños es bueno para ellos, para que aprendan a tolerar situaciones no gratas, porque la vida después de la escuela es desagradable. Esta triste visión de la vida la propicia la escolarización. Por supuesto, la vida tiene sus altibajos, en la edad adulta y en la infancia. Pero hay un montón de oportunidades para aprender a tolerar situaciones incómodas sin que haya necesidad de que la escolarización también lo sea. La investigación ha demostrado que las personas de todas las edades aprenden mejor cuando se auto-motivan, cuando intentan dar respuestas a las cuestiones que les afectan, cuando persiguen objetivos y metas de la vida real. En tales condiciones, el aprendizaje suele ser un motivo para la alegría.

He pasado gran parte de mi carrera como investigador estudiando cómo aprenden los niños. Los niños vienen al mundo con capacidad para aprender por si mismos. Nacen con un poderoso instinto para aprender, del que forma parte la curiosidad, la alegría, la sociabilidad, la atención a lo que sucede en su entorno, el deseo de crecer y el deseo de hacer lo que los niños mayores y los adultos hacen.

La prueba de ello está a la vista de cualquier persona que haya visto a un niño crecer desde su nacimiento hasta la edad escolar. A través de sus propios esfuerzos, los niños aprenden a caminar, correr, saltar y trepar. Aprenden desde cero su lengua materna, y con ello, aprenden a hacer valer su voluntad, a argumentar, a divertirse, a molestar, a hacer amigos, a llamar la atención y a hacer preguntas. Preguntando y explorando, adquieren una cantidad enorme de conocimientos sobre el mundo físico y social que les rodea, y jugando practican habilidades que promueven su desarrollo físico, intelectual, social y emocional. Hacen todo esto antes de que alguien, en forma sistemática, trate de enseñarles nada.

Esta capacidad increíble para aprender no se apaga cuando los niños tienen 5 o 6 años. Es un sistema educativo coercitivo el que la apaga. Este sistema enseña que el aprendizaje es un trabajo que debe evitarse cuando sea posible.

Mi investigación se ha centrado en el aprendizaje de los niños que están en “edad escolar”, pero que no van a la escuela, o no a una escuela convencional. He examinado cómo aprenden los niños en las culturas que no tienen escuelas, especialmente las sociedades de cazadores-recolectores, los tipos de culturas de las que hemos evolucionado. También he estudiado el aprendizaje en nuestra cultura de los niños a los que se les permite hacerse cargo de su propio aprendizaje, proporcionándoles las oportunidades y  los medios para ello. En ese tipo de situaciones, la curiosidad natural de los niños y el gusto por el aprendizaje perviven durante toda la infancia, la adolescencia y en la edad adulta.

Otro investigador que ha documentado el poder del aprendizaje autónomo es Sugata Mitra. Instaló ordenadores al aire libre en barrios muy pobres en la India, donde la mayoría de los niños no van a la escuela y muchos eran analfabetos. En todos los sitios donde instaló un ordenador, decenas de niños se reunían alrededor y, sin ayuda de los adultos, encontraron la manera de usarlo. Los que no sabían leer comenzaron a hacerlo a través de la interacción con el ordenador y con los otros niños. Los ordenadores dieron a los niños acceso al conocimiento del mundo entero. En una remota aldea, los niños que previamente nada sabían de microorganismos, aprendieron sobre bacterias y virus a través de sus interacciones con el equipo y comenzaron a utilizar este nuevo conocimiento en sus conversaciones.

Los experimentos de Mitra ilustran cómo tres aspectos fundamentales de la naturaleza humana – la curiosidad, la capacidad de experimentar y la sociabilidad – se pueden combinar para ser útiles en la educación. La curiosidad atrajo a los niños a la ordenadores y los motivó a explorar; la capacidad de experimentar los llevó a desarrollar muchas competencias informáticas; y la sociabilidad facilitó que el aprendizaje de cada niño se transmitiera como la pólvora a docenas de otros niños.

En nuestra actual cultura, hay muchos caminos a través de los cuales los niños pueden utilizar sus facultades naturales e instintos para aprender todo lo que necesitan saber para una vida adulta exitosa. Más de 2 millones de niños en los Estados Unidos  se educan en el hogar y en su comunidad sin ir a la escuela, y una proporción cada vez mayor de sus familias han desechado establecer enfoques curriculares, propiciando el aprendizaje autónomo. Estos padres no dan clases ni hacen exámenes, pero proporcionan un ambiente familiar que facilita el aprendizaje, y ayudan a sus hijos a entrar en contacto con distintas actividades comunitarias en las que también aprenden. Algunas de estas familias llevan poniendo en práctica este enfoque desde hace mucho tiempo, y tienen hijos adultos que ahora están obteniendo buenos resultados en la educación superior.

Mi colega Gina Riley y yo encuestamos recientemente a 232 de estas familias. De acuerdo con las respuestas de estas familias, los principales beneficios de este enfoque se encuentran en la curiosidad continua, la creatividad y el gusto de los niños por aprender, y en la libertad y armonía que la familia entera experimenta al no tener las presiones y los horarios de la escuela, y el que los niños tengan que hacer tareas que no les interesan. Como una de las madres dijo, “Vivimos sin estrés … Tenemos una estrecha relación basada en el amor, la confianza y el respeto mutuos… Como educadora veo que mi hija tiene unas habilidades de las que carecen muchos de mis estudiantes universitarios adultos… Mi hija vive y aprende en el mundo real y le encanta pensar. ¿Qué más puedo pedir? “

Riley y yo estamos terminando un estudio con aproximadamente 80 adultos que fueron educados en el hogar de esta manera autónoma cuando estaban en la “edad escolar”. Los resultados completos todavía no los tenemos, pero está claro que los que adoptaron este enfoque tenían orígenes socioeconómicos muy diversos y, en su conjunto, han logrado tener bastante éxito en la edad adulta.

A medida que el enfoque de la educación autónoma en casa ha aumentado en popularidad, más y más centros y redes han surgido para ofrecer recursos, conexiones sociales y oportunidades educativas adicionales para los niños y las familias que toman este enfoque (muchos se enumeran en un nuevo sitio web compendio,  AlternativesToSchool.com). Con estos recursos – junto con las bibliotecas y otros recursos de la comunidad que siempre han estado disponibles y, por supuesto, Internet – las oportunidades educativas son ilimitadas.

Durante muchos años, he observado cómo es el aprendizaje en uno de esos lugares, en la escuela Sudbury Valley, en Framingham, Mass. Se llama escuela, pero no se parece en nada a lo que consideramos normalmente que es una “escuela”. Los estudiantes, que tienen edades comprendidas entre 4 a 18 años, aproximadamente, tienen libertad durante todo el día para hacer lo que quieren, siempre y cuando no se rompen alguna de las reglas de la escuela. Las reglas, que se crean democráticamente en la Junta Escolar por los estudiantes y el personal en conjunto, no tienen nada que ver con el aprendizaje; tienen que ver con el mantenimiento de la paz y el orden, y son impuestas por un sistema judicial siguiendo el modelo que existe en nuestra sociedad. La escuela cuenta actualmente con cerca de 150 estudiantes y con 10 profesionales, y funciona con un presupuesto por estudiante que es menos de la mitad del de las escuelas públicas de los alrededores. Acepta a todos los estudiantes que lo solicitan, siempre que sus padres estén de acuerdo.

Hoy en día existen aproximadamente dos docenas de escuelas en los Estados Unidos que se han creado siguiendo tal cual el ejemplo Sudbury Valley, y hay otras más que tienen la mayoría de sus características básicas. En comparación con otras escuelas privadas, estas escuelas cobran matrículas pequeñas, y algunas tienen escalas de matrícula ajustadas al perfil de las familias. Los estudiantes tienen tanto una amplia variedad de orígenes y como una amplia variedad de personalidades.

Para las personas que nunca han visto escuelas de este tipo, les resulta difícil imaginar cómo pueden funcionar. Sin embargo, Sudbury Valley lleva funcionando 45 años y tiene cientos de graduados, que se están desenvolviendo muy bien en el mundo real.

Hace muchos años, mi colega David Chanoff y yo llevamos a cabo un estudio de seguimiento de los egresados de esta escuela. Se vio que los estudiantes que habían querido realizar estudios superiores (el 75%) no tuvieron ninguna dificultad  en particular en hacerlo, en ir a los centros que eligieron, y les ha ido  bien en ellos. Algunos, incluyendo aquellos que nunca habían tomado previamente un curso formal, han tenido éxito en centros y universidades de gran prestigio. Como grupo, independientemente de si cursaron o no estudios superiores, tuvieron un éxito notable en la búsqueda de empleo. Trabajaban en una amplia gama de ocupaciones, incluyendo los negocios, las artes, la ciencia, la medicina, otras profesiones de servicios y comerciales especializadas. La mayoría señaló que el mayor beneficio de su educación en Sudbury Valley era que habían adquirido un sentido de la responsabilidad personal y la capacidad de auto-control que les sirvió bien en todos los aspectos de sus vidas. Muchos también comentaron la importancia de los valores democráticos que habían adquirido, a través de su práctica en la escuela. Más recientemente, dos grandes estudios de graduados, llevados a cabo por la propia escuela, han producido resultados similares y se han publicado como libros.

Los alumnos de este centro aprenden a leer, calcular y el uso de los ordenadores de la misma manera que los niños en las culturas de cazadores-recolectores aprenden jugando a cazar y recolectar. También desarrollan intereses y pasiones más especializados, que pueden conducir directa o indirectamente a los estudios superiores. Por ejemplo, ha habido un mecánico e inventor de gran éxito que se pasó su infancia jugando a construir y desarmar cosas para ver cómo funcionaban. Otro graduado, que se convirtió en profesor de matemáticas, había jugado mucho y creativamente con las matemáticas. Y otro, una diseñadora de alta costura, había jugado a hacer ropa de muñeca y después ropa para ella y los amigos.

Estoy convencido de que Sudbury Valley es un buen entorno educativo, ya que proporciona las condiciones que optimizan las capacidades naturales de los niños para que se eduquen. Estas condiciones incluyen:

a) una oportunidad ilimitada para jugar y explorar (que les permite descubrir y perseguir sus intereses); 

b) el acceso a una variedad de adultos comprensivos y bien informados que actúan como ayudantes, no como jueces

c) la mezcla de niños y adolescentes de diferentes edades (el contacto de muchachos de diretentes edades es mucho más propicio para el aprendizaje de lo que es el juego entre los que están todos en el mismo nivel); y

d) la participación directa en una comunidad estable, ética y democrática en la que adquieren un sentido de responsabilidad hacia los demás, no sólo para sí mismos

Hay que pensar que: Ninguna  de estas condiciones están presentes en las escuelas normales.

No quiero decir con todo esto que la educación autónoma sea una panacea. La vida no siempre es agredable, y los contextos son siempre importantes. Pero mi investigación y la investigación de otros sobre este modelo educativo me han convencido, más allá de cualquier duda, de que las facultades y habilidades naturales de los jóvenes para aprender son suficientes para motivar su proceso educativo. Cuando quieren o necesitan la ayuda de los demás, se lo piden. Nosotros no tenemos que obligar a la gente a aprender; todo lo que necesitamos hacer es proporcionarles la libertad y las oportunidades para hacerlo. Por supuesto, no todo el mundo va a aprender las mismas cosas, de la misma manera, o al mismo tiempo. Pero eso es una buena cosa. Nuestra sociedad se nutre de la diversidad. Nuestra cultura necesita de personas con diferentes tipos de habilidades, intereses y personalidades. Por encima de todo, necesitamos personas que vivan la vida con pasión y que asuman sus responsabilidades durante toda la vida. Estos son los denominadores comunes de las personas que han tomado las riendas de su propia educación.

(Traducción de un artículo de Peter Gray, profesor de psicología en la Universidad de Boston, publicado en http://www.salon.com/2013/08/26/school_is_a_prison_and_damaging_our_kids/?utm_source=twitter&utm_medium=socialflow ).

A continuación puedes visualizar varios videos donde se ilustran las ideas presentadas en el artículo. En primer lugar dos videos sobre las características de nuestro sistema de escolarización:

 Dibujo3  Dibujo2

El siguiente video muestra la experiencia de la escuela Sudbury Valley que Peter Gray toma de ejemplo y  referencia en su artículo:

Dibujo1

Por último, un par de videos sobre la “educación en casa”, a la que también alude Peter Gray:

Dibujo4 Dibujo5

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com

Un comentario el “¿La escuela es una prisión que daña a los niños y a los jóvenes?

  1. Sigo celebrando este tipo de artículos e investigaciones que se convierten en un aliciente para quienes aspiramos a hacer una mejor escuela pública. De igual manera, sigo esperando análisis, estudios e investigaciones que nos ayuden a entender cómo se pueden alcanzar iguales o mejores resultados en instituciones educativas con condiciones que no son ideales; como las del número reducido de estudiantes por docente, voluntariedad en el acceso y currículo sin restricciones burocráticas, para empezar. En serio, sería maravilloso que se decidan a estudiar escuelas “normales” como las denomina el artículo.

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