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¿El trabajo de los profesores está “burocratizado”?

Hay profesores que piensan que tienen una gran carga de trabajo de carácter burocrático, porque cada año tienen que realizar la planificación y la programación de las asignaturas que imparten, e igualmente llevar a cabo una evaluación de las actividades realizadas. Y que esta carga de trabajo es un lastre para la mejora de nuestro sistema educativo.

Estos profesores piensan que este tipo de tareas exceden con mucho la “rendición de cuentas” que debería regir el ejercicio de su actividad profesional. Entienden también que el destinatario de esta “rendición de cuentas” es la Administración Autonómica de la que dependen, pero en ningún caso los estudiantes o sus padres, motivo por el cual se resisten o se niegan directamente a facilitar o publicar en las web de los centros las programaciones y su evaluación. No participan de la idea de que el ejercicio de la transparencia en el ámbito educativo significa que las familias tienen derecho a conocer qué se hace en los centros educativos (en cada una de las materias que se imparten, etc.), qué objetivos se persiguen, qué actividades se van a realizar para lograrlos, cuándo se llevarán a cabo y cuáles son los resultados que se logran alcanzar.

Para ellos, la “rendición de cuentas” y el ejercicio de la “transparencia”, son innecesarios, “alienantes” y además van en contra de la necesaria autonomía que debe tener el profesorado en el ejercicio de su actividad. Los ven como actos de desconfianza, vigilancia y control de la Administración  y/o de las familias que demandan estar informadas sobre el proceso de aprendizaje de sus hijos. No entienden que es precisamente el ejercicio de esa autonomía, que efectivamente es imprescindible en el ejercicio de la docencia, lo que exige que la misma se realice con transparencia. Si la Administración pautara tanto como ellos piensan su actividad como profesores no sería necesario que elaboraran programaciones, se las darían hechas; es justamente porque se respeta su autonomía, su criterio y buen hacer, su capacidad de innovar, por lo que tienen que diseñar, realizar y proponer ellos mismos esas programaciones que entienden como un trabajo burocrático.

Es más, estos profesores piensan que en otras profesiones, como por ejemplo en el ejercicio de la medicina, este tipo de “rendición de cuentas” no se realiza. Se olvidan, obviamente, que los médicos ante cada enfermedad (o síntomas de las mismas) tienen que seguir unos protocolos establecidos que deben cumplir para su correcto diagnóstico y tratamiento, que uno y otro lo deben registrar documentalmente al igual que los medicamentos que recetan, y que por su puesto tienen que informar no solo al Hospital donde se encuentre el enfermo y a los otros profesionales que estén en contacto con él, sino también al propio  paciente y, si fuera el caso, a sus familiares, de las características del tratamiento que se les va a aplicar y de las consecuencias que del mismo se pueden derivar. Hasta el punto de que, ante determinados tratamientos, se pide el consentimiento explicito de los pacientes. Si un médico no cumpliera con los protocolos establecidos o recetara medicamentos inadecuados, y el paciente empeorara de su enfermedad, puede ser llevado a juicio y condenado por negligencia.

El problema no es que haya profesores que piensen de esta manera, lo cual es legítimo, sino quealgunos de ellos incumplen con sus obligaciones, por considerar que algunas de ellas son tareas burocráticas que no tienen ninguna utilidad. De manera que se hacen programaciones que en muchos caso no responden a la realidad de lo que se va a hacer en las aulas, y/o son un “copia y pega”, lo cual constituye un fraude a toda la comunidad educativa. En el siguiente texto que publica un profesor en su blog queda esto perfectamente reflejado:

El control administrativo es absolutamente ilusorio, el profesorado sigue haciendo “lo que le da la gana en sus aulas”, es por eso que las reformas nunca funcionan. La diferencia es que tiene que malgastar su tiempo justificando lo que hace –o no hace- en forma de papeles burocráticos, sin que exista un proceso de reflexión sobre qué quiere hacer. Ejemplos de esto tenemos a diario y en nuestra propia experiencia, yo pasé de EGB a LOGSE de un curso a otro, la diferencia, como alumno en las clases… ninguna. Eso sí, la diferencia en los papeles, era abismal. Mucho más cambio se nota ahora con las dichosas competencias… en los papeles, por supuesto, las actividades de clase y el trabajo del alumnado sigue siendo, exactamente igual, en la inmensa mayoría de los casos.” ( http://blog.manuelfnavas.es/2014/11/23/la-burocratizacion-de-la-ensenanza/)

Hay muchos estudios que muestran que las reformas educativas y los cambios de leyes por si mismos no cambian las prácticas del profesorado, si esos cambios no van acompañados de acciones que transformen el pensamiento de los docentes.

En todo caso, hoy por hoy, no son pocos los profesores que se han infiltrado en las “mareas” que defienden la educación pública, y mantienen una concepción muy “neoliberal” de su profesión. Son los que bajo la demanda de la necesaria autonomía del profesorado plantean, como condición necesaria para que nuestro sistema educativo pueda mejorar, una desregularización de su actividad (apelando a su desburocratización), pero sin rendición de cuentas ni transparencia.

Esta situación hace necesario, reivindicar y poner en valor una vez más, el trabajo que muchos otros profesores realizan cada curso en la planificación y programación de sus materias, intentando ajustarlas a las características de sus estudiantes, introduciendo innovaciones y mejoras que repercutan en su motivación y aprendizaje, etc. Y que además son conscientes de la importancia que tiene que las familias y la Administración lo conozcan, para que puedan implicarse más y mejor en la tarea común de la educación de nuestros niños y jóvenes.

(Si lo deseas puedes comentar el artículo, tus comentarios serán bienvenidos, y si quieres vincular el artículo a tu web o blog, puedes hacerlo sin ningún problema). Correo de contacto: fracasoacademico@gmail.com 

Comentarios:

  1. Guillermo 26/11/2014 
  2. tucho mendez 3/1/2015

    Que haya quien lo utilice como excusa para eludir responsabilidades no quiere decir que no haya un exceso de burocratización en los centros.
    No es tanto el que haya que elaborar papeleos como la utilidad que se aprecia en estos, muchos de los informes, actas, programaciones… van a inspección y dan la impresión de ni siquiera ser leídos. Por cierto, las programaciones “fusiladas” de las que habla el artículo suelen ser las que pasan sin ningún problema la revisión.
    Personalmente, me hago mi propia programación, en la que invierto un tiempo importante, la publico, y luego no la sigo porque me doy cuenta que el devenir del curso exige actuaciones que no había previsto. Estos cambios debería recogerlos en un acta (de mi departamento unipersonal) y luego trasladarlos a la programación de nuevo, pero…

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