Libros de texto, no gracias

“El libro de texto ha sido uno de los elementos omnipresentes en la escuela; un dispositivo tan consustancial a una forma de entender el proceso de enseñanza-aprendizaje que quizá algunos profesores no sabrían qué hacer sin él, se encontrarían desvalidos, no sabrían qué enseñar ni cómo hacerlo. Porque, demasiado a menudo, el maestro se refugia detrás del libro de texto y acaba haciendo él mismo lo que luego va a exigir a sus alumnos; recitar el manual. Y así, los libros de texto han llegado a ser como la prótesis imprescindible para suplir las carencias culturales y científicas de ciertos enseñantes”. Jaume Trilla Bernet, Catedrático de la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Barcelona.  La aborrecida escuela, Editorial Laertes. 

“A mi juicio, son las técnicas de marketing y nunca la calidad de los mismos, lo que explica el uso masivo de los libros de texto (…). (…) jamás deben probar las editoriales que los libros de textos han sido sometidos a un proceso de investigación propia, ni mucho menos a explicitar los efectos secundarios de cada marca. (…). Esta política liberal salvaje que se produce en la comercialización de los libros de texto siempre me ha parecido monstruosa (…)”. – Santiago Molina García, Catedrático de Educación de la Universidad de Zaragoza. La escolarización obligatoria en el siglo XXI, Editorial La Muralla.

Subordinar el desarrollo de la tarea docente al libro de texto constituye un elemento de desprofesionalización. Los profesores piensan que el texto debe adecuarse a los instrumentos de planificación de la enseñanza: proyecto curricular, programaciones, etc., pero posteriormente reconocen que, en la mayor parte de los casos, es el libro de texto el que rige la vida de la clase. El hecho de que el texto esté o no por encima del resto de elementos de planificación suscita numerosas contradicciones entre el profesorado, entre lo que debería ser y lo que realmente ocurre”. Ana López Hernández, Libros de texto y profesionalidad docente, Avances en supervisión educativa, n6, 2007.

En los libros de texto no existe el concepto de sostenibilidad, ni su contrario el de insostenibilidad. La ocultación de la gravedad de la crisis ecológica (y social) contemporánea es generalizada.” Comisión de Educación Ecologistas en Acción.  http://www.oei.es/decada/portadas/Informe_curriculum.pdf

Son muchas las voces que claman contra los libros de texto en las aulas. La “Asociación Otra Escuela es Posible” promovió una campaña en esta dirección, al tiempo que denunciaba la metodología de trabajo que predomina dentro y fuera de las aulas. Su campaña “libros de texto, no gracias” se basa en la apuesta por un modelo educativo activo/participativo que destierre del aula el concepto del alumno como “caja vacía”: un ente pasivo cuya única función es repetir literalmente contenidos impartidos por el educador. Para ello, es necesario una enseñanza que promueva la curiosidad intelectual, la capacidad crítica del estudiante y la reflexión.

La mayoría de los escolares y estudiantes españoles trabajan con una misma dinámica de funcionamiento: un libro de texto, un docente y una pizarra. Cada día, el maestro/profesor explica la lección del libro, da permiso para hacer preguntas y se hacen los ejercicios que indica el libro. Se llevan a casa deberes con esos mismos ejercicios y después, el alumno tiene que memorizar la lección que habrá de saber de manera literal para hacer el examen. En esencia, la misma escuela a la que asistieron nuestros abuelos.

Lejos de reducirse, esta dinámica empobrecedora pervive en las aulas  e incluso se extiende. En Educación Infantil se ha generalizado el uso de libros de texto en forma de fichas, y en Primaria y Secundaria, el libro de texto contiene incluso los ejercicios a realizar, e incluso se promueve la compra de cuadernos de ejercicios. Materias como música, plástica o  educación física también tienen libro de texto. Y existen libros de texto para realizar exámenes (para el profesor) e incluso para las tutorías. Su arraigo en las aulas es tal que muchos padres identifican el libro de texto con el programa del curso.

Los libros de texto contribuyen al fracaso académico de los estudiantes, cuando en las aulas son la fuente principal o única de información, y generan dinámicas de trabajo en las que los estudiantes tienen que escuchar en silencio las explicaciones basadas en esos libros, para después memorizar sus contenidos. Propician el fracaso escolar porque:

1. La presencia de los libros de texto contribuye a promover la idea de que son innecesarios los demás libros, otras fuentes de información y conocimiento, lo cual dificulta que los estudiantes aprendan y adquieran las competencias que demanda la actual sociedad de la información:  

  • Saber acceder y utilizar múltiples fuentes de información.
  • Saber buscar y discriminar la información, evaluarla de manera crítica.
  • Saber  analizarla, organizarla y extraer la que pueda ser relevante.
  • Obtener aprendizajes de ella que les permitan a los estudiantes utilizarla, aplicarla…

El libro de texto hace el trabajo que hoy día tendrían que hacer los niños y jóvenes, al darles la información ya buscada, seleccionada y procesada. Les priva a los estudiantes del placer de buscar, investigar, explorar, contrastar, experimentar

2. Los libros de texto propician una enseñanza basada en la memorización de contenidos, que difícilmente logra que los estudiantes alcancen un aprendizaje duradero y útil para su formación, puesto que los contenidos memorizados suelen ser olvidados con facilidad después de la realización de los  exámenes.

3. Los libros de texto presentan el saber como algo acabado, objetivo y no sometido a revisión crítica. Tienden a presentar los conocimientos de forma dogmática, y a implantar una dinámica en las aulas en la que no se incita ni ayuda a la construcción del conocimiento, sino que este se impone. De esa manera disminuye entre los estudiantes la capacidad crítica, la curiosidad intelectual y la reflexión. Por otra parte, esta forma de presentar y divulgar el conocimiento hace que se vulgarice y se trivialice, disminuyendo la calidad de ese conocimiento al que se quiere acercar a los estudiantes.

4. Los libros de texto propician el individualismo, frente al aprendizaje colaborativo, basado en el trabajo en equipo, en la coordinación con otros estudiantes para obtener una información relevante de múltiples fuentes, lo cual ayuda a que se entable un diálogo sobre el material, a reflexionar y a presentar conclusiones. Todos estos son aprendizajes y compentencias claves para los niños y jóvenes en el actual contexto social.

5. Los libros de textos terminen marcando la planificación, la programación y el desarrollo de las materias, incluso su seguimiento, toman por tanto un valor prescriptivo que inhibe la iniciativa del profesorado. De hecho sobreviven a los cambios curriculares, se adaptan a los mismos y consiguen que las innovaciones que se intentan introducir a través del currículo se desvirtúen. Contribuyen por ello a la desprofesionalización del profesorado, al propiciar que muchos maestros y profesores declinen el desarrollo y ejecución de sus competencias al convertirse en meros seguidores de las pautas marcadas por estos libros. Esto obstaculiza el que se realicen las imprescindibles adaptaciones de las situaciones de aprendizaje a los distintos contextos en el que este tiene lugar.

Los libros de textos no facilitan esta relación con el entorno, más bien la dificultan al plantear una enseñanza descontextualizada, rígida y uniformadora. Los libros de texto tienen planteamientos muy cerrados, que  dificultan las conexiones con las experiencias de aprendizaje realizadas fuera de la escuela. No potencian la conexión de la información con los problemas prácticos y actuales de la vida cotidiana, personal y social, de los estudiantes.

Los libros de texto no solo fomentan la uniformidad y la homogeneidad en los contenidos que tratan, sino también en los objetivos del aprendizaje y en los métodos de evaluación. Dificultan además las relaciones y las sinergias entre las distintas materias y saberes.

6. A los estudiantes no les resultan motivadores en el actual contexto, ni este tipo de libros ni el modelo de aprendizaje que promueven implícitamente, cuando existen otras vías de acercamiento al conocimiento: internet, aprendizaje por proyectos, etc. Lo que propicia en muchos de ellos desinterés por “aprender”.

A pesar de todo esto, la costumbre y el pensamiento hegemónico, unidos a los intereses mercantilistas de las editoriales, han logrado que se acepten de manera acrítica los libros de texto, sin cuestionar sus efectos, su modelo pedagógico y el elevado coste económico que suponen para las administraciones y las familias. Sobre todo en una situación de crisis, en la que para muchas familias el acceso a estos libros supone un gran sacrificio, y en la que las administraciones podrían utilizar los recursos que invierten en este tipo de materiales en otros más adecuados para las características del aprendizaje en el actual contexto social y tecnológico. ¡Cuántas cosas se podrían hacer con el dinero que nos gastamos en los libros de texto!.

Sin embargo, aún son muchos los centros y los profesores que los exigen y obligan a comprarlos y a utilizarlos, como principal instrumento o herramienta para el aprendizaje. Y muchas las familias que reivindican su gratuidad (que no es lo mismo que reivindicar la gratuidad de los materiales curriculares) y que, indirectamente, defienden la validez del libro de texto.  

Estas reivindicaciones dificultan la implantación de las alternativas al libro de texto, a pesar de que son un material obsoleto y representan un anacronismo metodológico. En todo caso, lo más importante es que existen experiencias en centros públicos y privados que demuestran, con diversas alternativas, que no es tan complicado desembarazarse parcial o totalmente de los libros de texto y sustituirlos por otros materiales y fuentes de información que motivan y fomentan más el aprendizaje de los estudiantes, y al mismo tiempo obtienen excelentes resultados académicos. También existen múltiples iniciativas docentes accesibles a través de internet donde acceder a material didáctico, o a experiencias de aprendizaje sin libros. 

En Internet hay recursos gratuitos mucho mejores que las unidades didácticas de los libros de textos, aunque estos se presenten en formato digital. Por ejemplo, hay herramientas como Google Maps, acceso a exposiciones de los mejores museos del mundo, se puede trabajar junto a otros centros situados en cualquier parte del mundo estudiando un tema “sobre el terreno”, con datos actualizados en tiempo real, y además los estudiantes pueden publicar sus resultados en la red.

¡¡¡¡LIBROS DE TEXTO, NO GRACIAS!!!!

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